Historias de bar

“Cuántas historias habré escuchado en este bar”, reflexionaba Luis mientras, como si de una ceremoniosa liturgia se tratase, colocaba ordenadamente las tazas de café, sus platos y cucharillas unos minutos antes de que el reloj marcase las cuatro de la tarde, hora en la que desde hacía cuarenta años subía la verga del bar para que la gente de bien y otro tipo de gente, hacía muchos años que se había retirado el derecho de admisión y se permitía la entrada a todo tipo de gente y condición siempre y cuando no alterasen ni incomodasen al personal,  disfrutasen de un buen café o de una cerveza bien fría o de un estupendo destilado siempre con la compañía de canciones que no pasaban desapercibidas para los oídos distinguidos de la ciudad. Aquel día, mientras se ocupaba de sus cosas una sedosa sensación le subió por el cuello hasta instalarse en la nuca y recordó por un instante aquellas mágicas y delicadas campanillas que daban la entrada a la turbadora y penetrante voz de Nico que entonaba “Sunday Morning” con si estuviera cantando una nana a un bebe. No lo dudó ni un instante y fue a buscar aquel vinilo que cambió su forma de entender la música popular. Los primeros clientes de hoy escucharían integra aquella magnífica obra y él también la volvería a disfrutar y en algunos momentos, cuando el silencio se hiciera hueco entre los imperecederos sonidos del bar, él volvería a tener quince años sin añoranza, pero con la misma admiración y entusiasmo de aquella etapa iniciatica de su vida. Qué importante es la música para evocar historias, que vital es para hacerlas volver al presente y para crearlas de la nada y del silencio.

__ Casi cualquier historia que recuerdo tiene su propia banda sonora o su propia canción y eso que he escuchado tantas historias como clientes han entrado en este bar, de hecho muchas más porque en cada persona anidan multitud de historias que queremos  contar y una buena canción siempre ha ayudado a que nos soltemos __ comentó Luis a Federico que solía ser el primer cliente en entrar a tomar un café ya que trabajaba en una librería que había al lado y que habría a las cuatro y media. Había adoptado ese horario para que le diera tiempo a tomar un café con Luis y poder echar una charla.

__ Y qué importante es también una buena cerveza para que fluyan las historias __ apostilló Federico

__ Muy importante. La cerveza es una bebida social de una ingesta pausada que induce a la conversación. Cuando alguien me pide una cerveza sé que ahí hay una historia que va a salir a luz más pronto que tarde. No ocurre lo mismo que cuando una persona te pide un café. Ahí también habrá una historia, pero no es seguro que esa historia sea escuchada por alguien en ese momento. El café es una buena excusa para quedar con un amigo a conversar, pero también da lugar a la cavilación y la búsqueda de momentos de soledad. Son muchas más las personas que toman un café acompañados de un libro o de un periódico o de una vista pérdida a través de la ventana que aquellas que piden una cerveza, que suelen acompañarse más por otra persona que escuche __

__ ¿Y aquellas que piden un gin-tonic donde encajan Luis? __ preguntó Federico dibujando una sonrisa pícara en su rostro

__ En los gin-tonics todo puede ocurrir amigo Federico aunque las historias, si surgen,  suelen ser más burbujeantes __ contestó Luis echándose los dos a reír.

__ Muchas son las historias que he escuchado, es cierto, pero muy pocas son las que recuerdo ya que en mi oficio más que rememorar, que no siempre es acertado hacer venir a un recuerdo, lo que a los clientes les gusta más es que escuchemos, por eso quizás, las historias que más me motivan son las que surgen en torno a una cerveza porque suelen ser fruto de la conversación y no de un soliloquio o un discurso __

               __ Pero aun así te acordarás de muchos relatos __ le dijo Federico mientras observaba su reloj con cierta satisfacción ya que aún le quedaban quince minutos para seguir saboreando ese momento. 

               __  Claro que me acuerdo de muchas historias, pero los que trabajamos en este oficio solo debemos escuchar y no tanto contar los anales y las anécdotas que nos han confiado nuestros clientes. En tu oficio, querido Federico, sí que tendrás que adelantar algo de las narraciones que relatan los escritores que viven en tus estanterías para que tus clientes se rasquen el bolsillo __

               __ Bien apuntas Luis. Muchos clientes se fían de mi criterio de librero y eso es lo que nos diferencia de los centros comerciales y lo que aún me permite entrar a tomar un café diariamente a tu bar y lo que, porque no decirlo, me llena de orgullo y sacia mi ego __

               Federico le giño un ojo y se levantó para iniciar su jornada vespertina mientras sonaba “Run, run, run” en la voz de Lou. Fue entonces cuando Federico recordó la primera vez que entró en ese local y le dijo al hombre que estaba detrás de la barra: “una cerveza, por favor” y se sentó en uno de los taburetes que había libres. Había bastante gente a esa hora lejana de la tarde, quizás porque estaba lloviendo en la calle o quizás también porque aquel hombre, que ya parecía haber sobrepasado los sesenta años aunque se movía con ligereza y elegancia por detrás de la barra, tenía fama de servir las mejores cervezas de barril de la ciudad.  Sonaba en aquel momento el “Rock and Roll” del “Rock and roll animal” y en ese instante decidió que aquel era un buen sitio para emprender su negocio.  Se acercó al tipo que le había servido la estupenda caña de cerveza y le dijo:

               __ No parece que le vaya mal el negocio __

               __ No, no me va mal __ le respondió con cierto desdén y orgullo.

               __ Sin embargo he visto el anuncio que hay en la puerta de que se traspasa el negocio __

__ Has leído bien, amigo, creo que ha llegado el momento de descansar un poco después de cuarenta años. ¿No cree?  __

No fue difícil llegar a un acuerdo y con el dinero que había recibido de su socio por cederle su parte del negocio Federico no se lo pensó dos veces y abandonó su ciudad natal, quizás para siempre, y buena parte de sus ilusiones y de las metas que se había marcado, pero estaba decidido a empezar de nuevo en otro sitio, en otro lugar, una nueva vida que le hiciera olvidar a Carolina. Quizás él cometió el error de creer que esa relación duraría ya toda la vida y quizás toda la vida se le atragantó a la joven Carolina. Se les veía tan bien que nadie dudaba de que estaban hechos el uno para el otro, pero no siempre nuestros planes coinciden con lo que después ocurre porque ¿quién sabe lo que va a suceder mañana? por eso Federico aprendió que precisamente cuando uno se encuentra más entero es cuando menos hay que bajar la guardia siempre puedes recibir un gancho repentino o fortuito que acierte a tirarte a la lona.

Pero aquel bar y esa ciudad que eligió buscando anuncios de traspasos fueron los asideros donde pudo agarrase para ponerse en pié. Un nuevo comienzo en una ciudad desconocida donde nadie había escuchado su historia y donde nadie le preguntaría por lo que había ocurrido. Parecía perfecto y esta vez sí que lo fue y para toda la vida. En menos de un mes se había hecho con las riendas del negocio y siguiendo las recomendaciones del anterior propietario no dejó de servir con esmero las cañas de cerveza y supo elegir con criterio las canciones que sonarían en cada momento del día y la clientela se mantuvo y fue creciendo y la prosperidad fue fiel con Luis. Pronto algunos clientes comenzaron a confiarle algunas de sus historias en torno a una buena cerveza y nadie solía preguntarle por su historia porque él nunca hacía mención de su pasado. Fue precisamente Federico el primero que le interpeló por su procedencia y fue al primero al que le dijo:

__ Cada vez que me preguntes por mi vida te invitaré a una cerveza, pero si te invito a muchas tendré que cerrar el negocio y entonces perderás toda posibilidad de conocer mi historia y de escuchar buenas canciones __

Federico entendió lo que pretendía decir Luis, una buena perífrasis, al igual que lo entendieron otros muchos clientes, al fin y al cabo todo el mundo debería de tener la posibilidad de contar su historia y también el derecho de mantenerla en secreto en una época, por cierto, en la que los secretos y la discreción están al borde de la extinción. Nos interesa más conocer el pasado de alguien que vivir nuestro presente.

__ Por eso la cerveza es siempre presente, amigo Federico, porque si no se calienta. ¿A quién le interesa beberse una cerveza que fue servida ayer o a quien le puede agradar, si es una cuestión de sed, beberse una cerveza que será servida mañana   __ le dijo Luis al día siguiente mientras Federico saboreaba su café uno minutos antes de abrir la librería.

__ Supongo que quien tiene el placer de saborear una buena cerveza al mismo tiempo está teniendo el gozo de disfrutar la vida en ese momento __

__ Eso es la vida, amigo Federico, la suma de pequeños momentos de felicidad __ le dijo Luis.

__Por cierto Luis, ¿tienes pensado lo que harás cuando te jubiles y dejes el bar?

Federico se agachó para coger la cesta con los vasos humeantes que acababan de salir del lavavajillas y echó una mirada a todo el bar, de un lado a otro, y no tuvo ninguna duda de cuál iba a ser su respuesta.

__ Cuando ese día llegue, amigo Federico, vendré a este bar a poder saborear una buena cerveza, a escuchar buenas canciones y espero que haya alguien que quiera escuchar mi historia __

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