La otra pandemia.

106 personas dependientes están muriendo diariamente en la actualidad esperando a ser atendidos por el sistema de dependencia. José Manuel Ramírez, director presidente de la asociación de gerentes y directores de servicios sociales afirma en una reciente entrevista que en lo que va de año han muerto 16.000 personas. 254.000 están en lista de espera y 150.000 personas esperan a ser valoradas. En la era de los datos, éstos que salen a la luz estremecen e inquietan, pero se trata de una “pandemia” que llevamos sufriendo casi desde que se aprobó la Ley de autonomía personal y atención a la dependencia el 14 de diciembre de 2006. ¿Se imaginan que no pudiéramos encontrar una vacuna contra el Coronavirus en los próximos diez años y que año a año fallecieran 30.000 personas infectadas por el virus? ¿Llegaría un momento en que nos mostráramos indiferentes ante los datos como parece que ocurre con el sistema de dependencia?

Lo llamo la otra pandemia, por que salvo excepciones y en los países de siempre, las personas dependientes sufren esta escasez de apoyos y de consideración por parte de las administraciones públicas y de buena parte de la sociedad en casi todo el mundo. El motivo de que el sistema de dependencia en España esté al borde del colapso ya se viene alertando desde distintos sectores: insuficiente financiación, escasez de profesionales que valoren, descoordinación entre administraciones, un sistema poco flexible y un derecho que es moneda de cambio de intereses partidistas. Ya he escrito en otros artículos denunciando esta situación, pero en esta ocasión voy a intentar darle otro enfoque que nos permita entender la gravedad de este asunto.

La pandemia del Coronavirus ha resquebrajado la confianza que los ciudadanos tienen en los pilares del bienestar. En esta ocasión el dique ha hecho agua por el lado de la sanidad y una de las conclusiones a las que parece llegar todo el mundo es que hay que reforzar ese dique para que no vuelva a hacer agua, pero, ¿qué hacemos con el dique de la dependencia cuando esos tremendos datos nos caen encima como una tormenta? Durante esta pandemia se nos ha pedido lealtad, disciplina y responsabilidad individual. Se escucha continuamente que de esta situación saldremos más reforzados como sociedad, con más sentido colectivo, pero si usted es una persona que está a punto de jubilarse después de más de treinta años trabajando y prevé que necesitara algún tipo de ayuda o de apoyo según vaya cumpliendo más años y ya está acostumbrado a escuchar que con cada crisis que sufrimos “saldremos más reforzados y mejores personas” es muy posible que cuando se dé cuenta del drama que esconde estos datos de la dependencia, su confianza en el sistema se tambalee.

En tanto en cuenta no invirtamos más en los modelos residenciales con más servicios y más profesionales y no los entendamos tan solo como un negocio también las personas dudarán sobre lo que les espera al final de la vida.

Si no entendemos y promovemos que las personas mayores pueden seguir aportando experiencia, conocimiento y talento a esta sociedad siempre y cuando les facilitemos apoyos que se adecuen a sus necesidades particulares y tengan la oportunidad de vivir en su entorno familiar, estaremos retrocediendo en calidad social y estaremos desperdiciando muchas oportunidades.

Las personas más jóvenes y los que ya llevan unos años trabajando también empiezan entender que el panorama, según vayan haciéndose más mayores, no es nada halagüeño y la esperanza en una política que profundice en los grandes problemas sociales y estructurales que tiene este país, la esperanza en una política sanadora se va tornando en desinterés y desapego por los que nos representan y por lo que representan las instituciones.

Cada vez es más habitual que la calles se llenen de forma instantánea de protestas de todo tipo y con las intenciones más diversas. Se traslada a la calle las crecientes disputas políticas que se suceden en el congreso y en las sesiones de control al gobierno. Los ciudadanos están empezando a llegar a la conclusión de que las soluciones tan solo pasan por una fuerte contestación a la acción de los políticos porque en las instituciones no se resuelven los problemas, tan solo hay ruido, ¡pues hagamos más ruido en las calles!, parecen decir. Si no nos espera un futuro digno como seres humanaos, quememos el presente, también parecen pensar.

Qué bonito y a la vez que peligrosos es todo esto.

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