¿Y qué piensa un tipo de provincias de todo esto?

Vaya por delante que se trata de lo que pienso yo, un tipo de provincia, de interior, de una comunidad autónoma que no tiene capital o eso dice, de una tierra con mucha historia, como se suele decir, pero que actualmente no acaba de encontrar su sitio en una época de cambios políticos de calado y en una etapa de resurgimiento de un nacionalismo feroz que aspira a que se produzcan transformaciones geográficas y económicas que tendrán un enorme impacto sobre nuestro presente y sobre el futuro de nuestros hijos y allegados. En fin, que no me erijo en portavoz de todos los tipos y tipas que son de provincias como yo, que cada uno puede pensar lo que quiera y que yo lo hago con humildad o sin ella, depende como se mire, como articulista y ya está.

               Y viendo los derroteros que está tomando todo el asunto de los nacionalismos he pretendido, como es esta ocasión, abstraerme en la medida de lo posible de mis convicciones políticas e ideológicas y de que reconozco que a veces veo las cosas de una manera y otros días las veo de otra muy distinta, para entender y llegar a algún tipo de conclusión o conclusiones con todo esto sin los menos prejuicios posibles (ardua tarea debido a la cantidad de prejuiciosos que están opinando por ahí) y en fin, no dejan de sorprenderme algunas cosas. Me llama la atención, por ejemplo, que el principal problema de un tipo como yo pueda ser formar parte de una identidad nacional excluyendo a otros. Quiero formar parte de tal Estado y no de otro porque eso me hará feliz y libre. Podría entender este básico pero contundente argumento si viviera en un territorio en el que está siendo oprimido y discriminado frente a otros por su origen social o nacional, pero en mi humilde opinión o no, depende, aunque disculpen las molestias, creo que no es caso.

Es más, a veces pienso, posiblemente de una forma muy poco acertada, que hoy más que nunca hay personas con no muy buenas intenciones frente a lo que quieren aparentar, que generan una opinión y un relato para hacernos creer que nuestro principal problema como ciudadano y como ser humano es la independencia y la defensa atroz de una identidad propia y que nos bombardean de una forma inmisericorde desde todos los medios de comunicación de los que disponen, que son muchos, y que es casi imposible que uno salga por la mañana sin un nivel de cabreo máximo deseando encontrarte por el camino al trabajo o a la cola del paro a alguien que no piense como te han dicho que tienes que pensar para soltar toda tu ira o la ira de los que piensan por ti. La educación de tus hijos, tu propia educación; la salud de tus hijos, tu propia salud; el futuro laboral de tus hijos o tu propio presente laboral han dejado de ser ni siquiera una preocupación. Lo que me resuelve el día es cruzarme por la calle con alguien que piense diferente a mí para “darle hasta en el carné de conducir”, ustedes me entienden, no hace falta que explique esta expresión. Y mientras, los tipos y tipas que se dedican todo el día a fabricar este tipo de argumentos y cientos de eufemismos como: “la república digital catalana” (¡qué nivel de sofisticación!) no tienen que preocuparse ni de la salud, ni de la educación, ni del empleo ya que viven muy bien a costa de todos nosotros haciéndonos creer que el mundo será mucho mejor si cada uno va a lo suyo desde su propia identidad. Y hasta ahí alguien podría pensar que está bien, que cada uno sea lo que quiera ser como pasa en la vida real, que cada uno tenga la oportunidad der ser y de estar, de defender sus convicciones, respetando al prójimo y, al contrario, que cada uno pueda encontrar su propio yo. El problema es que en esta cuestión detrás de los discursos y las “performances” hay una cuestión económica de fondo que, a mí, como un tipo de provincia de interior, me preocupa, ¿Por qué todo esto lo tendrá que pagar alguien?, y mucho me temo que nos tocará pagar a los mismos, a los de siempre. Ya lo estamos pagando y aquí viene otra de las cosas que me sorprenden (veo que no voy a poder contar todas las cosas que me maravillan, voy a tener que hablar con el director para que me ceda más espacio). ¿Por qué muchos de los que se dedican a fabricar argumentos y teorías de opresión y alzamientos ganan dinero de aquellas instituciones, que según ellos y sus teorías son las mismas que les están oprimiendo? Parece un trabalenguas, disculpen mi torpeza gramatical, pero no pretende serlo, tan solo es una pregunta un tanto ingenua.

               Bueno, son muchas cosas las que me pasman, en otras ocasiones si me permiten las iré contando, pero sí me preocupa que el principio de solidaridad territorial, un principio que ha conseguido que nuestro país y todos los que habitamos en él hayamos formado parte del mayor progreso social y económica de toda la historia de España se esté resquebrajando como un pantano afectado por la sequía. Y esto es lo que se está poniendo en cuestión y lo que nos estamos jugando y lo que me afecta a mí y a los míos como un tipo de provincias, quizás también le afecte a alguno más como yo, quien sabe.

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